Una empresa española compró por 300.000 euros un
sistema desarrollado en Argentina para producir hidrógeno
a partir de alcohol vegetal, un combustible barato y poco contaminante. El comprador
es la empresa química Abengoa y el vendedor, el Laboratorio
de Procesos Catalíticos (LPC) de la Facultad de Ingeniería de la
Universidad de Buenos Aires, que diseñó el sistema para
propulsar vehículos o para su uso en la industria petroquímica.
Abengoa no compró a LPC equipos sino
ingeniería básica que incorporará a una planta motriz o
celda de combustible de hidrógeno, el equivalente a
un motor de explosión en los automóviles clásicos, de la
que ya dispone.
El sistema diseñado por el laboratorio argentino es una unidad química
portátil que produce hidrógeno en tres etapas y fue vendido a
través de la Fundación Innova-T, una organización
no gubernamental creada por el estatal Consejo de Investigaciones Científicas
y Técnicas (CONICET) para exportar talento local. El LPC
está dirigido por Miguel Laborde y Norma Amadeo,
con quienes colaboró en este proyecto el investigador Pío
Aguirre, de un centro de Santa Fe.
Si bien Abengoa se quedó con la patente del conversor
de etanol en hidrógeno, Innova-T consiguió que
la propiedad intelectual del proceso quedara en manos del laboratorio argentino.